Monasterio de Santa Coleta de Asís
Assisi Fundada en 1908
El Monasterio de Santa Coleta, en Asís, en Umbría, acoge desde hace más de un siglo a las Clarisas francófonas venidas de Paray-le-Monial: una quincena de hermanas contemplativas, llamadas las Coletinas, que consagran su vida entera a la contemplación en la alegría, la sencillez y el amor fraterno. Instaladas desde 1908 en la ciudad de santa Clara, han conservado el francés como lengua de oración y de comunicación, siguiendo los pasos de san Francisco. Su vida claustral está marcada por la liturgia: oficios cantados, misa, rosario, adoración, oración contemplativa y trabajo manual.
En lo alto del casco antiguo, en un entorno verde que domina el valle, sus jardines y su hospedería acogen durante todo el año a peregrinos y turistas, en particular francófonos. Se viene aquí para un retiro espiritual reconfortante, siguiendo los pasos de santa Clara y san Francisco, y para explorar a pie los lugares religiosos de Asís.
Lo que te espera
Información práctica
Desayuno
El desayuno está disponible en autoservicio en el refectorio de 8:00 a 9:30.
Capilla y oficios
Los huéspedes pueden acceder en cualquier momento a la capilla y participar en los oficios celebrados por las Clarisas.
Oratorio
Hay un oratorio disponible bajo petición para celebraciones en grupo, con acceso directo desde el jardín.
Aparcamiento
El monasterio dispone de un aparcamiento abierto dentro de su recinto.
Voluntariado estival
Del 15 de junio al 31 de agosto, las Clarisas acogen a jóvenes (19-32 años) como voluntarios: trabajo en la hospedería por la mañana, tiempo libre por la tarde (visitas, oración, encuentros con la comunidad).
Ubicación y acceso
El monasterio domina el casco antiguo de Asís. Toda la ciudad es accesible a pie. La basílica de San Francesco y la de Santa Chiara están a 10 minutos a pie.
Cómo llegar
A tan solo dos horas en tren de Roma o Florencia.
Al igual que en tren, cuente con dos horas en coche desde Roma y Florencia, o cerca de nueve horas desde Marsella (o unas seis horas desde la frontera).
Si la cadena de los Apeninos no le asusta, ¡suba a su bicicleta!