Abbazia di Novalesa
La Abadía de los Santos Pedro y Andrés de Novalesa está situada en el Valle de Susa, justo por debajo de la frontera francesa del paso del Mont-Cenis. Una pequeña comunidad de monjes benedictinos lleva allí una vida de oración, trabajo y acogida para quienes buscan la paz y un sentido a su camino de vida.
Les retraites organisées par la communauté
La abadía de Novalesa: una joya benedictina en el corazón de los Alpes
Adéntrese en el corazón de los Alpes, en el pintoresco Valle de Susa, donde la Abadía de los Santos Pedro y Andrés de Novalesa se alza majestuosamente, a un paso de la frontera francesa, enclavada justo por debajo del legendario paso del Mont-Cenis.
Este lugar sagrado es el refugio de una pequeña pero ferviente comunidad de monjes benedictinos que perpetúan en él un modo de vida ancestral, marcado por el ritmo de la oración, el trabajo y una acogida cordial.
Los monjes abren sus puertas a todos quienes, en busca de paz interior o de un sentido profundo a su existencia, vienen a encontrar consuelo en este refugio de serenidad y paz. Es aquí, en el seno de esta joya monástica, donde cada visitante puede encontrar un instante de sosiego e inspiración para su camino personal.

Una historia milenaria: de las raíces antiguas a los renacimientos
El acta de fundación de la abadía de Novalesa data del 30 de enero de 726. El monasterio está dedicado a los santos Pedro y Andrés, en una época en que las Iglesias de Oriente y Occidente aún no se habían separado. Los monjes de Novalesa seguían una "regula mixta" (de San Columbano y de San Benito).
Fue desde Novalesa, donde ejerció como abad a partir de 817, que Benito de Aniano comenzó la obra de unificación de los monasterios del imperio, imponiendo la Regla benedictina a petición de Luis el Piadoso. Esto convierte a Novalesa en el centro impulsor de los inicios de la era benedictina que marcaría la Edad Media.
Bajo Eldrado, que fue abad de Novalesa de 820 a 845, la comunidad vivió su momento de mayor florecimiento espiritual. En 906, los monjes huyeron a Turín para escapar de las incursiones sarracenas, hacia lo que hoy es el santuario de la Consolata. Los monjes supervivientes fundaron más tarde el monasterio de Breme, desde donde llegaron en el siglo XI algunos monjes para repoblar la abadía.
Los benedictinos fueron reemplazados por los cistercienses de 1646 a 1798, fecha en que fueron expulsados por el gobierno provisional piamontés. Fue Napoleón quien confió a los monjes de la Trapa de Tamié el monasterio de Novalesa para que se hicieran cargo del hospicio del Mont-Cenis.
Tras la caída de Napoleón, el monasterio fue repoblado por algunos monjes benedictinos que se incorporaron a la Congregación Casinense de Italia en 1821. La tranquilidad no duró mucho, pues con las leyes de supresión del 29 de mayo de 1855 del gobierno piamontés, el monasterio fue vendido en subasta y transformado en hotel de aguas termales.
En 1972, el conjunto fue adquirido por la Provincia de Turín y en 1973 confiado a la custodia de los monjes benedictinos sublacenses.

Lo que le espera durante su estancia
Un retiro espiritual entre el encuentro y el recogimiento
Durante su retiro espiritual, los huéspedes son cordialmente invitados a sumergirse plenamente en la vida espiritual y cotidiana de la comunidad monástica. Tienen así la valiosa oportunidad de compartir la vida litúrgica, de participar en los oficios y en las celebraciones que marcan el ritmo de los días de los monjes.
Las comidas, momentos privilegiados de comunión y recogimiento, se toman en silencio en el refectorio monástico, favoreciendo una profunda introspección y el respeto mutuo.
Además, para quienes deseen ir más allá de la observación e implicarse activamente, es posible ofrecer su ayuda en las diversas tareas y trabajos que animan la vida de la abadía.
Por último, una dimensión esencial de la acogida reside en la posibilidad de que las personas en búsqueda de sentido reciban un acompañamiento personal por parte de un hermano de la comunidad en su proceso de búsqueda espiritual, ofreciendo así un apoyo adaptado a cada uno.

Confort y serenidad en Novalesa
Para garantizar una estancia a la vez confortable y propicia al recogimiento, la abadía ofrece espacios de alojamiento cuidadosamente acondicionados.
- La hospedería interior, destinada a estancias individuales o en pareja, dispone de diez habitaciones elegantes, todas equipadas con baño privado, ofreciendo intimidad y comodidad a los residentes.
- Para los grupos, ya sea en retiro espiritual o en peregrinación, se dispone de una hospedería específica con capacidad para un máximo de 20 personas en condiciones óptimas.
Más allá de las habitaciones, los huéspedes disfrutan de acceso a diversos espacios comunes propicios para el descanso y el estudio:
- el parque del monasterio, un remanso de verdor que invita a la contemplación y a los paseos meditativos,
- la biblioteca, rica en numerosas obras, que ofrece un lugar tranquilo para la reflexión,
- una sala común también disponible, que favorece los intercambios discretos y el descanso.
Las comidas, momentos esenciales de la vida monástica, se sirven con esmero en el refectorio del monasterio. Este espacio, impregnado de una atmósfera apacible, es un lugar donde el silencio se observa rigurosamente, permitiendo a cada uno centrarse en lo esencial.
Geografía y actividades
Un entorno natural de belleza y armonía
Idealmente enclavada en el corazón de un entorno preservado, la abadía goza de una situación geográfica privilegiada y de una belleza excepcional. Se asienta en un lugar de gran quietud, en perfecta armonía con la naturaleza circundante.
Completamente rodeada por el majestuoso marco de las montañas de los Alpes, ofrece panoramas que quitan el aliento y una atmósfera propicia para la renovación espiritual. Pese a gozar de este beneficioso aislamiento, la abadía sigue siendo fácilmente accesible.
- La ciudad más cercana, Susa, con su rico patrimonio y sus servicios, se encuentra a solo unos kilómetros, lo que permite excursiones sencillas para los huéspedes.
- La gran ciudad de Turín está situada a aproximadamente una hora en coche, ya sea conduciendo para mayor flexibilidad o en tren, ofreciendo una cómoda conexión con las redes de transporte nacionales.
El excepcional entorno natural invita además a la exploración y al descanso al aire libre. Múltiples senderos señalizados se extienden a través de los bosques circundantes, ofreciendo la oportunidad de descubrir la flora y la fauna locales en un silencio reconfortante.
Una de las maravillas naturales que no hay que perderse durante estos paseos es la presencia de hermosas cascadas que salpican el paisaje, añadiendo un toque de magia y frescura a la experiencia de los visitantes.

Las riquezas del Valle de Susa
Más allá de los muros seculares de la abadía, los alrededores rebosan de tesoros culturales y espirituales que invitan al descubrimiento y al enriquecimiento personal.
A pocos kilómetros, la encantadora ciudad de Susa aguarda a los visitantes, donde podrán:
- pasear por sus calles y explorar sus monumentos de época romana notablemente conservados, testigos de una significativa presencia antigua y de un glorioso pasado,
- visitar el Museo Diocesano de Susa, que alberga fascinantes colecciones y ofrece una visión profunda de la historia religiosa y artística de la región.
Para una experiencia espiritual y arquitectónica, la majestuosa Sacra di San Michele se alza a poco más de una hora en coche. Encaramada en una escarpada montaña, esta abadía milenaria, emblema histórico y espiritual de la región, ofrece no solo vistas panorámicas sobre los valles circundantes, sino también una profunda inmersión en la historia medieval y la devoción. Su arquitectura imponente y su atmósfera serena la convierten en un destino imprescindible para los peregrinos, los senderistas y los amantes de la historia.
A una hora en coche, Turín es una ciudad repleta de actividades, donde podrán:
- Visitar el Museo Egipcio de Turín (Museo Egizio): es uno de los museos egipcios más importantes y más antiguos del mundo, tras el de El Cairo. Alberga una impresionante colección de artefactos, momias y sarcófagos, ofreciendo un fascinante viaje a través de la historia del antiguo Egipto.
- Explorar el Palacio Real de Turín y sus alrededores (Palazzo Reale di Torino): antigua residencia de los soberanos de la Casa de Saboya, este palacio está inscrito en el patrimonio mundial de la UNESCO. En él podrán descubrir suntuosas salas, los Jardines Reales, la Capilla de la Santa Síndone y la Armería Real, testimonios de la historia y el esplendor de la monarquía italiana.
- Pasear bajo las arcadas y descubrir la arquitectura barroca: Turín es famosa por sus kilómetros de elegantes pórticos que albergan históricos cafés, tiendas y galerías. Es la ocasión perfecta para pasear a cubierto, admirar la arquitectura barroca de la ciudad e impregnarse de la atmósfera turinesa, quizás degustando un "bicerin", la bebida local.







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