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Los monasterios y abadías no son únicamente lugares de silencio y retiro: son también guardianes de la Historia. Incluso Stéphane Bern dedicó uno de sus programas a la Abadía de Sénanque. En Francia, varios de ellos, aún activos hoy en día, llevan la impronta de siglos de espiritualidad, arte y resistencia. He aquí cinco abadías accesibles a través de RITRIT, verdaderas joyas del patrimonio monástico.
1. Abadía Saint-Martin de Ligugé: en los orígenes del monacato occidental
Fundada en el año 361 por san Martín de Tours, la Abadía de Ligugé está considerada el monasterio más antiguo que permanece activo en Europa occidental. A pesar de los avatares de la historia, invasiones, guerras, Revolución, ha sobrevivido y renace sin cesar. Se convirtió en un foco principal del monacato benedictino y desempeñó un papel clave en la transmisión del saber cristiano y de la cultura manuscrita.
Hoy, los monjes siguen viviendo en ella según la Regla de san Benito, combinando oración, trabajo y acogida. La abadía perpetúa también saberes raros, como la fabricación de tintas naturales, y acoge a huéspedes que vienen a saborear la profundidad del silencio.

2. Abadía Sainte-Marie du Rivet: una abadía forjada por las pruebas
Enclavada en los bosques de l'Entre-deux-Mers, la Abadía Sainte-Marie du Rivet aparece mencionada ya en el siglo VIII. Afiliada a la orden cisterciense en 1189, conoce una historia agitada: saqueada en varias ocasiones, reconstruida en el siglo XVII, renace de sus ruinas para convertirse en un ejemplo de fidelidad monástica en la adversidad.
Hoy, una comunidad de monjas cistercienses vive en ella según la tradición del trabajo manual y la oración. Su belleza arquitectónica, su aislamiento y la serenidad que inspira hacen de ella un lugar privilegiado para un retiro fuera del tiempo.

3. Abadía de Sablonceaux: de santuario a refugio durante la Gran Guerra
Situada en Charente-Maritime, la Abadía de Sablonceaux es un notable ejemplo de adaptación histórica: fundada en el siglo XII, atraviesa la Revolución para renacer de sus cenizas y da un giro inesperado durante la Primera Guerra Mundial. Los edificios se transforman en orfanato, acogiendo a niños de los pueblos vecinos, víctimas indirectas del conflicto. Este papel social durante la guerra forma parte hoy de manera indisociable de su identidad.
Hoy, confiada a la comunidad del Chemin Neuf, la abadía ha recuperado su vocación espiritual y cultural, conservando al mismo tiempo la memoria de aquella época en que los muros monásticos se convirtieron en un lugar de protección y esperanza.

4. Abadía de Fleury: el corazón latente de la tradición benedictina
Lugar emblemático del patrimonio religioso francés, la Abadía de Fleury alberga desde el siglo VII las reliquias de san Benito, padre del monacato occidental. Muy influyente en la Edad Media, se convierte en un centro intelectual de irradiación gracias a su biblioteca y a su scriptorium. Su arquitectura románica se cuenta entre las más bellas de Francia, con una imponente iglesia abacial, jalonada de capiteles esculpidos y un magnífico campanario-pórtico.
Aún habitada por monjes benedictinos, sigue siendo un lugar de oración, acogida e irradiación cultural. Cada visita es un viaje en el tiempo… y hacia uno mismo.

5. Abadía de Tournay: la fe reconstruida en la posguerra
Menos antigua pero no por ello menos significativa, la abadía benedictina de Tournay fue fundada en 1952, en un contexto de posguerra marcado por la necesidad de reconstrucción espiritual. Se convirtió rápidamente en un lugar destacado de contemplación en los Pirineos, combinando sobriedad arquitectónica moderna y tradición benedictina.
Los monjes viven en ella en armonía con la naturaleza circundante, entre trabajo agrícola, acogida de huéspedes y oración comunitaria. Tournay demuestra que la vida monástica no está anclada en el pasado, sino que sigue reinventándose con acierto y autenticidad.

Lugares donde la Historia continúa
Estas cinco abadías no son vestigios del pasado: son lugares vivos, habitados, atravesados por los siglos pero abiertos al presente. Al visitarlas o al hacer una estancia en ellas, uno entra en una historia en movimiento, la de la fe, el silencio y la belleza, pero también la de la transmisión, la resistencia y la renovación.
Con Ritrit, no solo puede descubrir estos tesoros, sino sobre todo vivirlos desde dentro. Porque a veces, para comprender la historia, basta con escucharla en silencio.




