Obediencia, pobreza, castidad... ¿Qué son los votos monásticos?

Marguerite
02/2026
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¿Qué son los votos monásticos?

Los votos monásticos son compromisos sagrados que hacen los hombres y las mujeres que eligen consagrar su vida a una existencia religiosa en un monasterio.

Profundamente ligados a la Regla de San Benito, estos votos son 3:

  • la pobreza

  • la castidad

  • la obediencia

Constituyen los fundamentos de la vida monástica y se consideran actos de renuncia al mundo material con el fin de acercarse a Dios.

La pobreza en la vida religiosa

La primera promesa, la de pobreza, implica el desapego de los bienes materiales y la dependencia total de la comunidad monástica. Los monjes y las religiosas renuncian a la propiedad individual y lo comparten todo en comunidad, viviendo así en la sencillez y la sobriedad.

Este voto es un compromiso sagrado, considerado como un medio para desligarse de las preocupaciones materiales del mundo y centrarse más en la vida espiritual.

Así, todo lo que poseen los religiosos se utiliza en función de las necesidades de la comunidad, y el énfasis se pone en la vida comunitaria y el reparto equitativo.

Pero la pobreza va más allá de la simple privación material. Es también una actitud interior, una disposición a vivir en una dependencia confiada en Dios y a encontrar la propia riqueza en la relación con él. Esto implica cultivar la humildad, la confianza y la aceptación de las circunstancias de la vida.

Un poco de verdor que brinda la naturaleza en la Abadía de Kergonan... el voto de pobreza significa también vivir en la medida de lo posible del trabajo de las propias manos

La castidad en la vida consagrada

La castidad, el segundo voto, representa la abstinencia de relaciones sexuales y el compromiso de vivir una vida de celibato. Los monjes y las religiosas se consagran enteramente a su relación con Dios, a la oración y al servicio de los demás, encontrando así una profunda unión espiritual. La castidad permite así centrarse en el amor desinteresado y universal hacia todos los seres humanos y en la búsqueda de la santidad.

La castidad no se limita, pues, al aspecto físico: abarca también la integridad de las esferas emocional y afectiva.

Así, los religiosos no la conciben como una privación o una represión, sino como una transformación del amor humano en un amor más amplio y espiritual. Es un camino exigente, pero que ofrece una libertad interior y una fecundidad espiritual, fuentes de alegría y de plenitud.

El voto de castidad es, por tanto, una invitación a amar de una manera diferente: gratuita, desinteresada e incondicional.

La virtud del voto de obediencia

Por último, el tercer voto es el de obediencia. Los monjes y las religiosas se someten a la autoridad de su superior o superiora, siguiendo las normas establecidas por su orden religiosa. Esto favorece una vida comunitaria armoniosa y fomenta la humildad y la disciplina.

Este voto, asumido con el fin de cultivar la humildad, la disciplina espiritual y la unidad dentro de la comunidad, implica escuchar atentamente las indicaciones y directrices de los superiores, seguir las prácticas y tradiciones establecidas, y comprometerse a contribuir al bienestar colectivo.

Esto exige una confianza profunda en Dios, en quienes han sido investidos de autoridad y en la sabiduría de las enseñanzas de la tradición religiosa.

El voto de obediencia no es una sumisión ciega, sino un acto de libre voluntad que ofrece una estructura y un marco en el que los religiosos pueden desarrollar su relación con Dios y formarse espiritualmente.

La obediencia también permite crear armonía y cohesión dentro de la comunidad religiosa. Fomenta la unidad, la cooperación y la toma de decisiones colectiva, al tiempo que anima a los religiosos a desapegarse de su voluntad individual para consagrarse al bien común y al cumplimiento de la misión religiosa.

El voto de obediencia es un camino exigente, pero ofrece la posibilidad de crecer en la fe, de despojarse del egoísmo y de conformarse a la voluntad de Dios. Invita a los religiosos a vivir en un espíritu de escucha, para llegar a ser instrumentos de Dios en el mundo.

Obediencia, pobreza y castidad... son la perspectiva de una hermosa vida en comunidad, como aquí en el Carmelo de Le Havre.

Votos religiosos perpetuos

Los votos monásticos se hacen de por vida y exigen un compromiso total y sincero con Dios y con la comunidad. Ofrecen un camino de consagración profunda y de abandono de uno mismo, que permite a los religiosos centrarse en la búsqueda de la santidad y de la cercanía con Dios.

La vida monástica, aunque exigente, es una fuente de paz interior y de espiritualidad profunda. Los monjes y las monjas consagran su tiempo a la oración (a través de los oficios monásticos), al estudio y al trabajo manual (la célebre artesanía monástica...), cultivando así una vida de contemplación (de ahí que el silencio sea la norma en ciertos lugares) y de servicio a Dios y al prójimo.

Los votos monásticos tienen una larga tradición en la fe cristiana. Representan un compromiso radical con la vida espiritual y una invitación a vivir según principios superiores, más allá de las preocupaciones materiales y efímeras del mundo.

¡Y usted también está invitado a vivirlo durante un retiro espiritual en el seno de estas comunidades que le abren sus puertas! No espere más y elija aquí cuál será su lugar de renovación para liberarse también usted, por un tiempo, de las preocupaciones del mundo.

¿Todavía duda? Déjese tentar por el Convento de Corbara en Córcega.
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