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¿Qué son los votos monásticos?
Los votos monásticos son compromisos sagrados que hacen los hombres y las mujeres que eligen consagrar su vida a una existencia religiosa en un monasterio.
Profundamente ligados a la Regla de San Benito, estos votos son 3:
- la pobreza
- la castidad
- la obediencia
Constituyen los fundamentos de la vida monástica y se consideran actos de renuncia al mundo material con el fin de acercarse a Dios.
La pobreza en la vida religiosa
La primera promesa, la de pobreza, implica el desapego de los bienes materiales y la dependencia total de la comunidad monástica. Los monjes y las religiosas renuncian a la propiedad individual y lo comparten todo en comunidad, viviendo así en la sencillez y la sobriedad.
Este voto es un compromiso sagrado, considerado como un medio para desligarse de las preocupaciones materiales del mundo y centrarse más en la vida espiritual.
Así, todo lo que poseen los religiosos se utiliza en función de las necesidades de la comunidad, y el énfasis se pone en la vida comunitaria y el reparto equitativo.
Pero la pobreza va más allá de la simple privación material. Es también una actitud interior, una disposición a vivir en una dependencia confiada en Dios y a encontrar la propia riqueza en la relación con él. Esto implica cultivar la humildad, la confianza y la aceptación de las circunstancias de la vida.

La castidad en la vida consagrada
La castidad, el segundo voto, representa la abstinencia de relaciones sexuales y el compromiso de vivir una vida de celibato. Los monjes y las religiosas se consagran enteramente a su relación con Dios, a la oración y al servicio de los demás, encontrando así una profunda unión espiritual. La castidad permite así centrarse en el amor desinteresado y universal hacia todos los seres humanos y en la búsqueda de la santidad.
La castidad no se limita, pues, al aspecto físico: abarca también la integridad de las esferas emocional y afectiva.
Así, los religiosos no la conciben como una privación o una represión, sino como una transformación del amor humano en un amor más amplio y espiritual. Es un camino exigente, pero que ofrece una libertad interior y una fecundidad espiritual, fuentes de alegría y de plenitud.
El voto de castidad es, por tanto, una invitación a amar de una manera diferente: gratuita, desinteresada e incondicional.
La virtud del voto de obediencia
Por último, el tercer voto es el de obediencia. Los monjes y las religiosas se someten a la autoridad de su superior o superiora, siguiendo las normas establecidas por su orden religiosa. Esto favorece una vida comunitaria armoniosa y fomenta la humildad y la disciplina.
Este voto, asumido con el fin de cultivar la humildad, la disciplina espiritual y la unidad dentro de la comunidad, implica escuchar atentamente las indicaciones y directrices de los superiores, seguir las prácticas y tradiciones establecidas, y comprometerse a contribuir al bienestar colectivo.
Esto exige una confianza profunda en Dios, en quienes han sido investidos de autoridad y en la sabiduría de las enseñanzas de la tradición religiosa.
El voto de obediencia no es una sumisión ciega, sino un acto de libre voluntad que ofrece una estructura y un marco en el que los religiosos pueden desarrollar su relación con Dios y formarse espiritualmente.
La obediencia también permite crear armonía y cohesión dentro de la comunidad religiosa. Fomenta la unidad, la cooperación y la toma de decisiones colectiva, al tiempo que anima a los religiosos a desapegarse de su voluntad individual para consagrarse al bien común y al cumplimiento de la misión religiosa.
El voto de obediencia es un camino exigente, pero ofrece la posibilidad de crecer en la fe, de despojarse del egoísmo y de conformarse a la voluntad de Dios. Invita a los religiosos a vivir en un espíritu de escucha, para llegar a ser instrumentos de Dios en el mundo.

Votos religiosos perpetuos
Los votos monásticos se hacen de por vida y exigen un compromiso total y sincero con Dios y con la comunidad. Ofrecen un camino de consagración profunda y de abandono de uno mismo, que permite a los religiosos centrarse en la búsqueda de la santidad y de la cercanía con Dios.
La vida monástica, aunque exigente, es una fuente de paz interior y de espiritualidad profunda. Los monjes y las monjas consagran su tiempo a la oración (a través de los oficios monásticos), al estudio y al trabajo manual (la célebre artesanía monástica...), cultivando así una vida de contemplación (de ahí que el silencio sea la norma en ciertos lugares) y de servicio a Dios y al prójimo.
Los votos monásticos tienen una larga tradición en la fe cristiana. Representan un compromiso radical con la vida espiritual y una invitación a vivir según principios superiores, más allá de las preocupaciones materiales y efímeras del mundo.
¡Y usted también está invitado a vivirlo durante un retiro espiritual en el seno de estas comunidades que le abren sus puertas! No espere más y elija aquí cuál será su lugar de renovación para liberarse también usted, por un tiempo, de las preocupaciones del mundo.





