¿Qué es la Regla de San Benito?

Corentin
02/2026
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En RITRIT, hablamos a menudo de la Regla de San Benito, según la cual numerosos monjes y monjas de todo el mundo orientan su vida. Ya saben, el famoso lema "Ora et Labora", la divisa que distribuye la vida de los religiosos y las religiosas de forma equilibrada entre oración y trabajo.

En apenas 5 minutos, intentaremos explicarles en pocas palabras cuáles fueron sus orígenes, su historia y el eco que ha encontrado en el monaquismo occidental durante casi 1500 años.

Maestro de Meßkirch, San Benito en oración (1530, óleo sobre tabla, 106 × 75 cm), Staatsgalerie, Stuttgart (Alemania).

En el origen de la Regla, un hombre: Benito de Nursia

Benito de Nursia es llamado a veces «el Padre de los monjes de Occidente». Nació en la Italia central en el año 480, en el seno de una familia cristiana de la nobleza romana. El Imperio Romano de Occidente había dejado de existir en 476 e Italia era entonces un campo de batalla. Tras un paréntesis en Roma, el joven Benito se retira a la naturaleza y vive como ermitaño. Esta búsqueda de soledad fue también una manera de acercarse más a Dios y de resistir la llamada del mundo y sus mil tentaciones.

En su retiro, Benito conoce a un monje: Romano. Los dos hombres traban amistad y Benito acaba por adoptar el modo de vida de los anacoretas, una forma de vida consagrada basada en la soledad. Solicitado por los monjes de los alrededores, Benito se convierte en abad y termina por fundar doce casas bajo el patronazgo de un santo.

En 529, Benito y sus compañeros abandonan el lugar y se instalan en el Monte Cassino, un antiguo campamento de la Legión Romana. Allí compone la regla que lleva su nombre: la Regula Benedicti (sí, se la damos en versión original, en latín). Muere allí en el año 547.

Fue aquí, en las alturas del Monte Cassino, donde Benito redactó su "regla para principiantes". © Mattis

La breve historia de la Regla de San Benito

La Regla de San Benito fue compuesta hacia el año 530 a partir de reglas anteriores, entre ellas la Regla del Maestro, redactada a principios del siglo VI.

Hacia el año 580, mientras el norte de Italia era invadido por los lombardos, el monasterio del Monte Cassino fue destruido. Los monjes de la abadía huyeron entonces y se dirigieron a Roma. Esta circunstancia contribuyó de manera muy significativa a difundir el conocimiento de la Regla de San Benito.

Se generalizó a partir del siglo IX, cuando el emperador Luis el Piadoso (778-840), hijo de Carlomagno, la impuso a todos los monasterios de hombres y mujeres del Imperio con ocasión del Concilio de Aquisgrán en 817. Esta reforma era, según se dice, necesaria para unificar un monaquismo hasta entonces dividido entre reglas rivales, y para estructurar la vida monástica en una época en que algunos monjes se dedicaban al comercio o permitían la entrada de mujeres en la clausura.

A partir de la época románica, se convirtió en el documento fundamental de la vida monástica y sirvió de modelo a un gran número de órdenes nuevas que la adoptaron o se inspiraron en ella. Grandes monasterios como Cluny, en Borgoña, siguieron la Regla de San Benito. Sin embargo, hubo que esperar hasta el siglo XIII para que se estructurara la Orden Benedictina, a la que pertenecen numerosas comunidades presentes en RITRIT.

A lo largo de los siglos, los monjes que vivían bajo la Regla de San Benito se distinguieron en el ámbito de la actividad intelectual y artística. Las grandes abadías benedictinas de la Edad Media contribuyeron especialmente a preservar el pensamiento y la literatura de la Antigüedad.

La lectio divina es uno de los tres componentes principales de los cistercienses, siendo los otros dos la oración común y el trabajo manual. Aún hoy, las cistercienses de la Abadía du Val d'Igny leen y meditan las Escrituras.

Los grandes principios de la Regla de San Benito

La Regla de San Benito describe en 73 capítulos la vida práctica y la vida espiritual de los monjes y las monjas. Es una regla de vida monástica, es decir, un texto normativo al que se remiten ciertas órdenes monásticas como los benedictinos o los cistercienses.

En la abadía Notre Dame de Timadeuc, los hermanos se dedican a la elaboración de la "Trappe de Timadeuc" y del "Timanoix", cuya receta les fue transmitida por las hermanas cistercienses de la abadía de Notre-Dame d'Espérance, en Dordogne. ¡Y es que los cistercienses también siguen la Regla de San Benito!

La importancia del trabajo manual en la Regla de San Benito

"La ociosidad es enemiga del alma: por eso los Hermanos deben dedicar ciertos momentos al trabajo de las manos, y otros a la lectura de las cosas sagradas." (Regla de San Benito, capítulo 48).

La Regla de San Benito invita a quienes la siguen a dedicar una parte importante de su tiempo al trabajo manual. Este se desarrolla generalmente dentro de la clausura del monasterio, para evitar dispersarse fuera de sus muros.

Su razón de ser y su importancia en la vida monástica radican en que garantiza la autonomía económica de los monasterios y, al mismo tiempo, aparta a los monjes de sí mismos para que puedan concentrarse mejor en lo esencial.

A lo largo de la historia, las tareas intelectuales tomaron en ocasiones la delantera sobre el trabajo manual, a medida que se impuso la necesidad de adquirir una vasta cultura religiosa. Así ocurrió en la Edad Media, cuando los monjes comenzaron a copiar los textos de los Antiguos en los scriptoria, combinando de este modo trabajo manual y meditación. Las congregaciones benedictinas fueron así la cuna de la erudición histórica para la Iglesia.

En la abadía Notre-Dame de Jouarre, como en todas las demás comunidades benedictinas, se reza varias veces al día, y esto desde el año 630.

Una vida de oración y contemplación

La vida de los monjes y las monjas está marcada por el ritmo de la liturgia de las horas, es decir, la celebración de lo que San Benito llama el oficio divino.

En número de siete (y a veces más), los oficios escancionan la jornada de los religiosos, desde las Vigilias (entre medianoche y el amanecer) hasta las Completas (hacia las 21h, tras la puesta de sol). Entre medias se suceden Maitines, Laudes, Prima, Tercia, Sexta, Nona y Vísperas.

¿El objetivo? Consagrar a Dios los distintos momentos de la jornada mediante oraciones y cantos. Más allá de la clausura de los monasterios, los oficios, anunciados por el toque de campanas, también han marcado el ritmo de la vida de los laicos.

La importancia del abad o la abadesa al frente de la comunidad

Monumento de vastas proporciones y arquitectura sólida, la Regla de San Benito sitúa a un abad al frente de cada monasterio. Mientras que la Regla del Maestro establecía que el abad fuera designado por su predecesor, la de San Benito prevé la elección del abad por la comunidad a cuya cabeza es colocado.

Según Benito, el abad debe también amar a sus monjes como si fueran sus hijos, y hacerse amar por ellos. Del siríaco abba (*no el grupo de música sueco) que significa "papá", el abad es el padre espiritual de la comunidad.

Como dicen las Hermanas benedictinas de la abadía de Jouarre:

«El abad es también quien actualiza constantemente la Regla, adaptándola a la realidad de las situaciones vividas, a la historia, a los talentos de los miembros de la comunidad…»

"Escucha, oh hijo mío" son las primeras palabras de la Regla de San Benito, leída en voz alta y meditada cada mañana en la abadía de Fleury. Para ellos, es como "una flecha que señala la dirección" que, sin "pretender decirlo todo ni hacer un discurso", quiere simplemente ponerse en camino e indicar la vía.

Una vida de silencio, humildad y benevolencia

Si bien la Regla de San Benito sigue siendo bastante exigente para quien la sigue y la respeta, no deja de ser humana. Pues, además de la manera en que se organiza concretamente la vida de los monjes, la Regla describe las virtudes monásticas que son la obediencia, la humildad y el espíritu de silencio.

Al margen de los tiempos de oración cantada colectivamente, la Regla concede una grandísima importancia al silencio, para estar disponible ante Dios y ante los demás. Así, las comidas se toman en silencio, o al menos al único son de la voz de un monje que lee a sus hermanos y del entrechocar de tenedores y platos con un estrépito bastante divertido, hay que admitirlo.

Por último, para avanzar colectivamente, la vida comunitaria requiere esfuerzos colectivos e individuales (algo similar ocurre cuando se vive en un piso compartido, donde las normas son necesarias para evitar, por ejemplo, encontrarse con una pila de platos que llega hasta el techo). Así, Benito invita a sus hermanos a no juzgarse mutuamente, sino a prestarse ayuda mutuamente con toda caridad.

¿Cuál es la situación de la Regla de San Benito hoy en día?

La Regla es un monumento que ha atravesado los siglos y que permite hoy a los monjes vivir una vida en común según una dinámica en la que cada uno encuentra los elementos necesarios para progresar en la conversión a la sequela Christi.

Hoy en día, la Regla de San Benito es la más seguida. En numerosas abadías, se lee íntegramente al menos tres veces al año y se comenta cada tarde con ocasión de los "capítulos" que preceden a las Completas.

El célebre capítulo 53 de la Regla de San Benito: ¡¡el sentido de la acogida!!

Un punto esencial de la Regla de San Benito se describe en el capítulo 53: la importancia de la acogida para las comunidades monásticas (en RITRIT, es nuestro preferido). Hay dos frases clave que nos encanta repetir:

«Se recibirá como al mismo Cristo a todos los huéspedes que lleguen. Se dará a cada uno el honor que le corresponde.»

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Ritrit, l'association au service des communautés religieuses et des retraitants